Notas de una Mística Moderna con Aliza Tuachi
La contradicción que me está haciendo crecer
🪞 Reflexión de la semana
Esta semana he estado caminando con una sensación doble… como si dos fuerzas opuestas me abrazaran al mismo tiempo.
Un miedo muy real — de esos que se siente en el pecho, que te hace pensar “¿y si no lo logro?”, “¿y si estoy apostando demasiado alto?”, “¿y si esta vez no sale?”.
Y al mismo tiempo… una esperanza tan grande que me sorprende, tan honesta que casi me da risa.
Es una combinación chistosa: fear and hope holding hands.
Siento las dos cosas a la vez.
No una después de la otra.
A la vez.
Y eso —aunque parezca raro— me hace sentir viva.
Me descubrí agradeciendo.
Agradeciendo decisiones que en su momento me rompieron, agradeciendo los precios altísimos que pagué cuando nadie entendía lo que estaba haciendo, agradeciendo a la Aliza que caminó sola, que lloró, que dudó, que se sostuvo sin tener dónde apoyarse… y que aún así eligió su verdad.
Es muy fuerte mirar atrás y darte cuenta de que tus miedos de antes… ya no son tus miedos de hoy.
Eso me pasó cuando hablé con una amiga del pasado, una que volvió esta semana.
La escuchaba y era como ver una película antigua de mí misma.
Su confusión, sus preguntas, su dolor, su sensación de estar en ese oscuro “no sé qué hacer” — yo ya estuve ahí.
Y en vez de sentirme enganchada… sentí una gratitud muy profunda.
Como si mi alma dijera:
“Mira dónde estás ahora. Mira lo que ya no cargas. Mira cómo te salvaste.”
Cerrar esa conversación fue cerrar un ciclo.
No solo con ella — conmigo.
Con la idea vieja que tenía de mí.
Con la versión que se sentía atrapada, perdida, confundida.
Con la mujer que sabía lo que tenía que hacer… pero no sabía cómo iba a sobrevivir al precio.
Esa parte se cerró sola, sin drama, sin discurso espiritual… solo con reconocimiento.
Solo con un “gracias”.
Y ahí fue cuando lo sentí:
el miedo que tengo hoy no es el miedo de antes.
Este miedo es otro.
Este miedo es un miedo que aparece cuando estás expandiéndote.
Cuando sabes que estás eligiendo algo más grande que tú.
Cuando estás saltando… otra vez… pero desde un nivel distinto.
Y justo por eso, la esperanza también es distinta.
Es una esperanza madura.
Una esperanza que sabe de oscuridad, que sabe de pérdidas, que sabe de tomar decisiones cuando el alma no tiene mapa.
Es una esperanza que no está basada en ilusiones, sino en experiencia.
En mirar atrás y decir:
“Cada vez que elegí alineada… la vida se acomodó. Cada. Maldita. Vez.”
Esa es la parte que más amor me causa:
darme cuenta de que sigo funcionando igual.
Que cada vez que digo “sí” desde el alma, aunque esté muerta de miedo, algo mágico pasa.
Aparecen oportunidades, invitaciones, sincronías.
Como este viaje que quiero hacer para mi solar return.
No sabía cómo se iba a dar.
No tenía la logística clara.
Solo tenía el “sí”.
Y en menos de una semana, la vida ya está moviendo piezas para sostenerlo, para facilitarlo, para acercarlo.
Como si el universo me dijera:
“Si tú saltas primero, yo te abro el camino.”
Y creo que por eso estoy sintiendo estas dos cosas a la vez.
Porque este no es un capítulo de claridad perfecta.
Es un capítulo de contradicción sagrada.
De ese espacio donde el miedo te dice “¿segura?” y la esperanza responde “confía”.
En mi clase de Alkimia se los dije, pero en realidad me lo estaba diciendo a mí misma:
tenemos que ser capaces de tolerar las contradicciones, de sentir dos emociones opuestas al mismo tiempo, de acompañar el miedo sin dejar que decida, de sostenernos en el 50/50.
Eso es conciencia.
Eso es libre albedrío.
Eso es la vida real.
La mujer que fui hace unos años no tenía esta capacidad.
La mujer que soy hoy… sí.
Y ese simple hecho —esa expansión interna— vale oro.
Vale gratitud.
Vale lágrimas lindas.
Vale este miedo y vale esta esperanza.
Porque estoy viviendo el tipo de vida que solo se construye así:
con saltos al vacío, con decisiones fieles al alma, con momentos que duelen, con valentía quieta, con sincronías que te recuerdan que no estás sola.
Y sí… I’m scared.
Pero también estoy llena de fe.
Y llena de amor.
Y llena de gratitud.
Y llena de ese quietísimo “I know it’s gonna be okay”.

🔥 Insight
Lo que entendí esta semana —entre el miedo, la esperanza y todas las sincronías que vinieron a guiñar el ojo— es que la vida no te pide que elijas una emoción y canceles la otra.
La vida te pide capacidad.
La capacidad de sostener dos fuerzas que parecen opuestas… sin romperte.
La capacidad de quedarte en el fuego sin apagar tu agua interna.
La capacidad de decir “estoy muerta de miedo” y en la misma respiración sentir “y confío”.
Eso es lo que en Pathwork llaman tolerancia a la realidad interna.
Esa habilidad de no huir del conflicto interno, de no elegir un lado y matar al otro, sino dejar que los dos existan…
porque solo ahí aparece la libertad.
Free choice — la libre elección verdadera — no nace cuando estás segura.
Nace cuando sabes que estás dividida por dentro y aun así eliges el camino del alma.
Es muy fácil elegir desde certezas.
La verdadera alquimia es elegir desde la verdad interna, incluso cuando esa verdad viene mezclada con miedo, dudas, temblor, contradicciones, caos… y fe.
Me di cuenta de que mi miedo actual no es señal de que algo está mal.
Es señal de que algo está naciendo.
Es el tipo de miedo que aparece justo antes del salto.
El miedo que acompaña a la expansión.
El miedo que siente una mujer cuando está cruzando un umbral.
Y la esperanza… esa esperanza que me sorprendió tan fuerte… no viene de algo externo.
Viene de mi propia historia.
De mirar hacia atrás y ver cómo cada vez que elegí desde mi verdad, aunque era doloroso, aunque era oscuro, aunque no sabía cómo iba a pagar el precio… la vida se alineó.
La esperanza viene de los hechos.
De la evidencia.
De las veces que mi alma tuvo razón antes que mi mente.
Y creo que eso es lo más importante que entendí:
la fe no se construye en los momentos lindos.
La fe se construye cuando el miedo te acompaña… y aun así eliges.
Cuando dices ese “sí” pequeñito, que casi no se escucha pero que mueve mundos.
Cuando reconoces tu 50/50 interno y no haces guerra con él.
Cuando permites coexistir el “tengo miedo” y el “sé que será para mi bien”.
Eso es lo que crea conciencia.
Esa es la verdadera espiritualidad:
sentirlo todo… y aun así elegir lo que te acerca a ti.
Esta semana entendí que no quiero que mi vida sea perfecta.
Quiero que sea verdadera.
Quiero sentirla, sostenerla, caminarla, abrirla, confiarla… exactamente así, contradictoria y gloriosa.
Porque la mujer que puede sostener miedo y esperanza al mismo tiempo es una mujer que ya se pertenece.
Y una mujer que se pertenece… crea destino.

🌿 Embodied Integration — Ritual para semanas como esta
Esta semana, en vez de tratar de “resolverte”, quiero que te acompañes.
La integración no es cambiar nada… es hacerle espacio a todo lo que ya está pasando dentro.
Te dejo un ritual práctico, suave y poderoso:
🌿 Ritual: “El Sí Pequeñito”
1. Cierra los ojos 30 segundos.
No para meditar — para sentir.
Siente exactamente lo que estás sintiendo:
el miedo, la esperanza, la ansiedad, la gratitud…
todo mezclado.
No lo critiques.
Solo obsérvalo.
2. Pon una mano en tu corazón y otra en tu vientre.
Tu corazón es la esperanza.
Tu vientre es el miedo.
Los dos son tuyos. Los dos te están protegiendo.
3. Pregúntale a tu cuerpo, no a tu mente:
“¿Qué sí pequeñito puedo decir hoy?”
No el “sí grande”, no la decisión gigante.
Ese viene después.
Busca tu sí pequeño:
algo que puedas hacer hoy, una acción mínima que sostenga tu expansión sin ignorar tu miedo.
Puede ser:
-
mandar un mensaje,
-
escribir una idea,
-
abrir un documento,
-
reservar algo,
-
permitirte descansar,
-
reconocer lo que sientes,
-
elegir una micro dirección.
4. Escribe tu “sí pequeño” en tu celular o en una nota.
No lo sobreanalices.
No lo juzgues.
Solo escríbelo.
Tu alma no necesita garantías.
Solo necesita un sí.
Los demás pasos se revelan después.
5. Cada noche, antes de dormir, repite una sola frase:
“Hoy elegí desde mí.”
Aunque haya sido chiquito.
Aunque haya temblado.
Aunque haya sido imperfecto.
Porque el alma avanza con pequeños actos de lealtad, no con grandes teorías.
💌 Closing Whisper
Que tu miedo no apague tu esperanza,
y que tu esperanza te recuerde quién eres incluso en la oscuridad.
Que sigas eligiendo tus pequeños “sí”,
porque esos son los que mueven universos enteros.
Y si esta nota te tocó, te abrió,
o te recordó algo que tu alma ya sabía…
compártela.
Nunca sabes a quién le puede sostener el corazón hoy.
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